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Diego Benlliure
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lunes 28 de enero de 2008

Feminidad otra vez. Laurie Anderson

Después de graduarse en historia del arte y posgraduarse en escultura, Laurie Anderson (n.1947) se volvió famosa en los años 80 en el terreno de la música. A eso de los 37 añitos.
El extracto de abajo es de un concierto titulado "Home of the brave" (1986) que desgraciadamente es inencontrable, y que tuve la fortuna de ver hasta la saciedad hace unos años.
Una de las cosas que me embelezan de Laurie Anderson es que se nota que su música proviene de una formación plástica no-musical: la composición se concibe de una manera casi espacial en la que los sonidos son bloques que se ensamblan, planos que se sobreponen con criterios poco usuales que recuerdan un poco a Kraftwerk por lo severo de la electrónica. La música es una especie de lienzo sobre el que despliega deliciosas ironías sobre la vida contemporánea, sus puestas en escena son conmovedoras en su tremenda austeridad (no quiero usar el término minimalismo porque me recaga, se lo dejamos a los decoradores de interiores).
Todo esto sumado a esa visión del mundo tan indescriptible y a la vez fascinante que es la feminidad.
Es frívolo decir que es pionera en el uso de la electrónica y el "performance" en el ámbito de la música pop, pero es verdad. Los que la conocemos le debemos mucho, y si otros tantos conocieran su obra quizá nos evitaríamos algunos de los esperpentos preteciosos que vemos hoy en día.

jueves 27 de diciembre de 2007

de exocet

Inaugurando el ciber-diario de exocet en internet. Todas las canciones.
Aquí.

miércoles 26 de diciembre de 2007

Los remedios del Doctor Bach

He puesto manos a la obra para recuperar mi identidad como músico o por lo menos como alguien que aspira a hacerlo, y he empezado por hacer un tema nuevo, un remix y una versión. Todas para olvidar, pero así es esto de recuperar la forma.
Lo que de verdad me ha hecho sentir bien ha sido recuperar unos minutos cada día para el piano, y qué mejor que Bach para reconectar las neuronas. No soy pianista y nunca he aspirado a serlo, pero si uno quiere dedicarse a esto de la música ha de encararse con un instrumento. El mío resultó ser el piano, y tocar a Bach es lo que hace al principiante sentir que hace música y no ejercicios para tarugos. Así que he retomado algunos preludios fáciles.
Lo que no me esperaba es que el ejercicio intelectual, además del motriz, me resultara tan terapéutico en estos momentos en que la ansiedad producida por el inminente abandono de Barcelona para regresar a México me tiene colgado de las paredes.
Músicos muy serios y estudiosos afirman que toda la música occidental está contenida en Bach, que todos los acordes y enlaces posibles se encuentran en algún momento de su obra.
Quizá lo que haya traído el siglo veinte es la redefinición funcional de esos acordes y enlaces. El Blues, por ejemplo, ha hecho que los acordes mayores de séptima menor dejen de sonar exclusivamente a dominante y puedan funcionar como centros tonales... pero me estoy liando.
Al final lo único que pretendía, era sugerir a aquellos que contaran con la fortuna de tener un piano cerca y vagas nociones de solfeo, un remedio bachiano contra el stress. No tiene contraindicaciones ni sobredosis, sólo requiere un poco de empecinamiento.

domingo 18 de noviembre de 2007

Al borde del precipicio


Así que esta es la manera como se abandona la música.
Como el final de la infancia: es imposible precisar cuándo jugué con mis playmobil por última vez.
La última vez que pasé por un lapso de tiempo sin actividad musical, en el que no hubiera una clase que dar o recibir, un ensayo, un concierto, un proyecto en marcha, un encargo, un texto que escribir, fue hace dieciocho años.
Desde el verano se acabaron las clases en la báscula, formalicé mi abandono al grupo que llevaba meses de abandonarse a sí mismo, no ha habido música porque los últimos concierto de nómhadas fueron cualquier cosa menos eso, además he tenido el estudio desmontado: Con la cabeza puesta en dejar Barcelona me he dedicado a ser gente normal, es decir, a trabajar ocho horas diarias o más en algo que no me interesa y que me resulta absolutamente indiferente con la sola motivación de llegar a fin de mes. Los fines de semana en calidad de bulto, autómata televisivo.
El paso que sigue es comprarme un perro y pretender que me gusta el golf. Paliar la pulsión musical convirtiéndome en crítico de rock, de esos con camisetas ingeniosas y peinado ocurrente. Lo malo es que tendría que aprender a encadenar adjetivos con palabros rimbombantes, habilidad necesaria para el supremo arte de no decir nada y parecer muy interesante.
O quizá me convierta en uno de esos managers que escaldan grupillos incautos que se dejan menospreciar con tal de mandarlos de vez en cuando a un escenario a setecientos kilómetros de casa. Pero la cocaína no me gusta, me pone paranoide y me daría por estafarlos.
Lo veo. El borde del precipicio.
Media vuelta.

lunes 16 de julio de 2007

Neko Case



Cuando se trata de hablar de algo en relación con el sexo de quien lo produce los tópicos se amontonan tanto que aburren, es fácil ahogarse en vacuos lugares comunes o ejercicios que suelen ocultar machismo o, al menos, misoginia. Sin embargo hay que decir que el sexo femenino, sin importar su edad, es capaz de hablar de un universo mucho más grande de sensaciones, de ver la vida desde tantos puntos de vista como horas tiene el día y siempre conservar una entraña de misterio.
Las chicas pueden ser así, tópicos o no.

Así, me estoy dando cuenta de que me interesa más la música que hacen las mujeres. Mi último amor musical lo encarna Neko Case, pero la lista es larga: Hildegard Von Bingen, Billie Holliday, Kate Bush, Suzanne Vega, Elizabeth Frazer, Lisa Gerrard, Siouxsie Sioux, Sade Adu, Patti Smith, PJ Harvey, Rickie Lee Jones, Joni Mitchel, Sinead O'Connor, Tracey Thorn, Roisin Murphy, Tujiko Noriko, Leila, Imogen Heap, Björk.

Variado como es este universo, rezuma feminidad; y misteriosas como me resultan las mujeres, todo aquello en que asome su mundo interior me produce embelezo.
Será la edad.

Todo eso le sienta muy bien a la música.

Vuelvo a mi deliciosa coetánea Neko Case, culpable de hacer un disco que me ha hechizado de principio a fin: Fox Confessor Brings The Flood. Hago énfasis en lo de coetánea por varias razones, pero sobre todo porque me hace sentir que aún no se me pasa el arroz (musicalmente, claro, el otro ya se coció)
... iluso.
Al principio el dejo country hizo saltar mis alarmas gringófobas, incluso me predispuso para la decepción e hice una apuesta mental sobre cuantas canciones iba a aguantar, pagando dos a uno a que no pasaba de tres.
Tres veces escuché el disco completo sin parar.
La primera vez a lo lejos, limpiando la cocina, con la intención de prestarle atención superficial, pero no se dejó: a cada rato me llamaba la atención un giro melódico, una secuencia de acordes o un desgarro en la voz. Y súbitamente se acabó, con lo que hubo que ponerlo otra vez porque ya me había intrigado. Y luego otra vez porque se veían las estrellas desde la ventana y quería escucharlo con Jimena a ver si aquello de verdad estaba bueno o me estaba afectando el calor.
Hacía años que no me pasaba esto.
Tiene el color del desierto de una road movie, la garra de su pasado punk. No se conforma con fórmulas fáciles sin perder la sencillez. Desafina, pero desafina sabroso. Tiene "blues", catarsis. Música para los barflies en una polvorienta carretera quizá de Dakota, pero nunca ingenua o complaciente. Inequívocamente gringa, pero de ésas que no se ven en la tele. Música de una generación que ha padecido a un Reagan y dos Bush y que no se engaña.
Bastante jodidos estamos. Y aún así hay lugar para la belleza. O para inventar una nueva.
Cantando así.
Le creo y eso me basta.
El hecho de que Neko Case rechace aguerridamente discográficas transnacionales, MTV's y demás parafernalia es sólo un dato más sobre los muchos encantos que guarda.
A mí la música, y lo demás es periferia.

domingo 24 de junio de 2007

política y kilómetros

Algún día, cunado sea grande y no ofenda la sensibilidad de nadie, o de plano ya no me importe, me pondré a contar los entresijos de las relaciones humanas de los grupos en los que he tocado.

Las vacaciones de escenario se acabaron este fin de semana, ¡vaya que se acabaron!

Los Nómhadas están de vuelta con todo esplendor, todo es mas agudo e intenso. Los conciertos que dimos en un par de festivales este viernes y sábado quizá no fueron muy técnicos, pero fueron enérgicos y no carecieron de magia. Lo que me extraña es que con la cantidad de energía que se nos va en un montón de cosas extrañas, todavía nos podamos subir a tocar algo más que las mañanitas.

Siempre he pensado que los grupos terminan por ser un taller de relaciones humanas en los que la música es circunstancial, un pretexto para ejercitar nuestros desplantes más arrogantes y nuestros destellos más generosos, y considerando que los músicos solemos ser unos extraviados sociales, todo adquiere dinámicas raras y periféricas en las que tratamos de adaptar las recetas del comportamiento social "normal" a nuestra inadaptada conducta.

Queremos encontrar formas alternativas de vivir, de percibir, de comportarnos y al final estamos a merced de las relaciones de poder de toda la vida, con el añadido de que somos totalmente incapaces para manejarnos como entes políticos dentro de nuestras pequeñas comunidades. (Entiéndase como "político" aquello que atañe a las cuestiones comunes y la toma de decisiones en el interés general)

Al final, como en todos lados, los problemas son por el poder que se reclama pero no se asume, el que se ejerce pero no se reconoce. El que se soslaya. El que se transfiere solapadamente. El que se impone en silencio.
El punitivo, el coercitivo. El solidario. El retributivo.

No son las caras de un monstruo, sino una forma de energía que no se crea o se destruye: se transforma, se disfraza. Se escurre, repta. Anega, empapa. Drena, erosiona.
Transtorna, perturba.

He vuelto extenuado física, mental y moralmente, y me pregunto lo mismo de siempre: ¿cuánto más voy a aguantar ésta vida transhumante?

Sin las dosis cetáceas de adrenalina que procura el oficio ¿podría vivir?



lunes 4 de junio de 2007

Los músicos somos pendejos


... y escucho un coro de voces airadas "¡lo dirás por tí!", "¡tú lo serás!" y largo etcétera que pasa por la calle de vallejo.

Sí, me incluyo. Que no se diga que no tengo conciencia gremial, que en este medio de conciencia "gramial" ya es bastante.

Momento, que fundamento:

No lo digo porque seamos el sector "artístico" que menos lee, que menos politizado está, que menos va al cine, que menos le interesa el arte en general, y que más divas genera.
Eso nos hace incultos y ególatras; pero pendejos, lo que se dice pendejos es por otra cosa.

Durante décadas las discográficas, distribuidoras y ralea ad-hoc se han hecho de nuestro trabajo a cambio de mendrugos (el 6% del 90 % del 50% del precio de venta de un cd, disco, cassette o lo que sea) símplemente porque asumimos que en lugar de prestar ELLOS el servicio de conectarnos con el público fijando NUESTRA música en un soporte y vendiéndola, nosotros les prestamos el servicio de rellenarles con nuestras pobres minucias sus bonitas cajitas con fotitos y parafernalia, gracias señor AR ¿quiere que ponga más violines? ¿necesita mas hits? ¿no le gustó mi canción? ¡ay perdón! quién me manda a ser creativo.

No es que sean cabrones, es que somos pendejos.

Ahora, el mercado del CD está muerto, difunto; recientemente en Barcelona se han reunido los tiburones nuevos (los del emergente mercado digital) y los viejos y chimuelos de la industria discográfica que no hacen mas que llorar porque no supieron prever la debacle de la piratería. (ojo, que empezaron ellos a autopiratearse para bajar "costos" -léase no pagar regalías- Cabroncitos sí que son, pero eso no nos quita lo pendejo)

Lo único que se les ocurría cuando empezaba "la gran crisis" era pedirle a Maná que nos dijera "con la piratería matas a tu artista" (imaginarse la vocecilla del cantante de la h por enmedio).
O que vinieran los de Metallica a decir que te iban apartir la madre si los pirateabas.
Eso sí que no pienso hacer, no se preocupen.

pendejos.

A la hora de ceder el noveinaymucho porciento de sus derechos a BMGEMISONYUNIVERSALWARNERBLABLABLA no había problema, pero te romperán la nariz si te los descargas de internet, "¡le quitarás el pan de la boca a sus hijos!" (otra vez el timbre llorón del de la hache extraviada).

Lo dicho, pendejos.

¡Por favor! los altos ejecutivos de las multis se bajan la música de internet, ni siquiera ellos pagan toda la música que consumen.
En el mentado congreso en que se reunió la crema y nata de la industria musical (desde los altos jerarcas de las transnacionales tradicionales hasta los nuevos nerds digitales multimillonarios) a picarse el ombligo y dictar el acta de defunción del disco, había sólo un par de músicos; uno era mi amigo Salva que se coló por la puerta de atrás.
Parece ser que la cosa está difícil: las ventas por descargas sólo reditúan en iTunes, y eso por el auge del iPod, las demas tiendas on line están de vacas flacas.
Todos asumen ahora que la música para el consumidor final será gratuita, o sea que hay que encontrar alguna forma de que alguien pague la factura; porque sigue costando dinero hacer música, y mucho.
¿se preguntaban aquellos escualos cómo hacer el reparto de los panes de manera mas cristiana? ¿cómo replantearse la cuestión de los derechos de autor para que los músicos pudiésemos recuperar algo de nuestro trabajo?

sólo puedo contestar con un triste ¡ja!

Mientras tanto todos los músicos nos quemamos las pestañas con un montón de mytube in yourspace. Sistemas que se nutren del trabajo de los músicos y que valen millonesymillones de eurodólars de Rupert Murdoch, de los cuales los músicos no vemos ni veremos nada de nada. Pero ahí estamos.
-"be my friend, be my friend!" como zombis.

perdón, como pendejos.

¡Hey! ¡adivina!
Nadie nos va a hacer la tarea.

La industria discográfica como la conocemos está muerta y enterrada, pero la nueva fábrica está que echa humo. Todavía no saben cómo nos van a sacar la sangre, pero se están volviendo locos por ideas nuevas y eventualmente lo conseguirán.

Sobre todo si escojemos seguir siendo unos...

¿cómo dice?