sábado, 14 de febrero de 2009

restauración...

He restaurado el enlace del post sobre Laurie Anderson y en el camino me encontré que ya está en youtube casi todo el Home of the Brave en muy buena resolución.

armazones

El armazón de mis lentes
es negro por fuera
y blanco por dentro,

en ese blanco se reflejan
los destellos que me recuerdan
que el mundo está afuera

y que mi piel
no por agrietada es menos frontera,
la infranqueable frontera

que aunque sangre y se rompa
me aloja, delimita, contiene.
Yo estoy aquí adentro.

Es la prueba de que
estamos cerca,
pero jamás juntos.

lunes, 28 de enero de 2008

Feminidad otra vez. Laurie Anderson

Después de graduarse en historia del arte y posgraduarse en escultura, Laurie Anderson (n.1947) se volvió famosa en los años 80 en el terreno de la música. A eso de los 37 añitos.
El extracto de abajo es de un concierto titulado "Home of the brave" (1986) que desgraciadamente es inencontrable, y que tuve la fortuna de ver hasta la saciedad hace unos años.
Una de las cosas que me embelezan de Laurie Anderson es que se nota que su música proviene de una formación plástica no-musical: la composición se concibe de una manera casi espacial en la que los sonidos son bloques que se ensamblan, planos que se sobreponen con criterios poco usuales que recuerdan un poco a Kraftwerk por lo severo de la electrónica. La música es una especie de lienzo sobre el que despliega deliciosas ironías sobre la vida contemporánea, sus puestas en escena son conmovedoras en su tremenda austeridad (no quiero usar el término minimalismo porque me recaga, se lo dejamos a los decoradores de interiores).
Todo esto sumado a esa visión del mundo tan indescriptible y a la vez fascinante que es la feminidad.
Es frívolo decir que es pionera en el uso de la electrónica y el "performance" en el ámbito de la música pop, pero es verdad. Los que la conocemos le debemos mucho, y si otros tantos conocieran su obra quizá nos evitaríamos algunos de los esperpentos preteciosos que vemos hoy en día.

jueves, 27 de diciembre de 2007

de exocet

Inaugurando el ciber-diario de exocet en internet. Todas las canciones.
Aquí.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Los remedios del Doctor Bach

He puesto manos a la obra para recuperar mi identidad como músico o por lo menos como alguien que aspira a hacerlo, y he empezado por hacer un tema nuevo, un remix y una versión. Todas para olvidar, pero así es esto de recuperar la forma.
Lo que de verdad me ha hecho sentir bien ha sido recuperar unos minutos cada día para el piano, y qué mejor que Bach para reconectar las neuronas. No soy pianista y nunca he aspirado a serlo, pero si uno quiere dedicarse a esto de la música ha de encararse con un instrumento. El mío resultó ser el piano, y tocar a Bach es lo que hace al principiante sentir que hace música y no ejercicios para tarugos. Así que he retomado algunos preludios fáciles.
Lo que no me esperaba es que el ejercicio intelectual, además del motriz, me resultara tan terapéutico en estos momentos en que la ansiedad producida por el inminente abandono de Barcelona para regresar a México me tiene colgado de las paredes.
Músicos muy serios y estudiosos afirman que toda la música occidental está contenida en Bach, que todos los acordes y enlaces posibles se encuentran en algún momento de su obra.
Quizá lo que haya traído el siglo veinte es la redefinición funcional de esos acordes y enlaces. El Blues, por ejemplo, ha hecho que los acordes mayores de séptima menor dejen de sonar exclusivamente a dominante y puedan funcionar como centros tonales... pero me estoy liando.
Al final lo único que pretendía, era sugerir a aquellos que contaran con la fortuna de tener un piano cerca y vagas nociones de solfeo, un remedio bachiano contra el stress. No tiene contraindicaciones ni sobredosis, sólo requiere un poco de empecinamiento.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Al borde del precipicio


Así que esta es la manera como se abandona la música.
Como el final de la infancia: es imposible precisar cuándo jugué con mis playmobil por última vez.
La última vez que pasé por un lapso de tiempo sin actividad musical, en el que no hubiera una clase que dar o recibir, un ensayo, un concierto, un proyecto en marcha, un encargo, un texto que escribir, fue hace dieciocho años.
Desde el verano se acabaron las clases en la báscula, formalicé mi abandono al grupo que llevaba meses de abandonarse a sí mismo, no ha habido música porque los últimos concierto de nómhadas fueron cualquier cosa menos eso, además he tenido el estudio desmontado: Con la cabeza puesta en dejar Barcelona me he dedicado a ser gente normal, es decir, a trabajar ocho horas diarias o más en algo que no me interesa y que me resulta absolutamente indiferente con la sola motivación de llegar a fin de mes. Los fines de semana en calidad de bulto, autómata televisivo.
El paso que sigue es comprarme un perro y pretender que me gusta el golf. Paliar la pulsión musical convirtiéndome en crítico de rock, de esos con camisetas ingeniosas y peinado ocurrente. Lo malo es que tendría que aprender a encadenar adjetivos con palabros rimbombantes, habilidad necesaria para el supremo arte de no decir nada y parecer muy interesante.
O quizá me convierta en uno de esos managers que escaldan grupillos incautos que se dejan menospreciar con tal de mandarlos de vez en cuando a un escenario a setecientos kilómetros de casa. Pero la cocaína no me gusta, me pone paranoide y me daría por estafarlos.
Lo veo. El borde del precipicio.
Media vuelta.

lunes, 16 de julio de 2007

Neko Case



Cuando se trata de hablar de algo en relación con el sexo de quien lo produce los tópicos se amontonan tanto que aburren, es fácil ahogarse en vacuos lugares comunes o ejercicios que suelen ocultar machismo o, al menos, misoginia. Sin embargo hay que decir que el sexo femenino, sin importar su edad, es capaz de hablar de un universo mucho más grande de sensaciones, de ver la vida desde tantos puntos de vista como horas tiene el día y siempre conservar una entraña de misterio.
Las chicas pueden ser así, tópicos o no.

Así, me estoy dando cuenta de que me interesa más la música que hacen las mujeres. Mi último amor musical lo encarna Neko Case, pero la lista es larga: Hildegard Von Bingen, Billie Holliday, Kate Bush, Suzanne Vega, Elizabeth Frazer, Lisa Gerrard, Siouxsie Sioux, Sade Adu, Patti Smith, PJ Harvey, Rickie Lee Jones, Joni Mitchel, Sinead O'Connor, Tracey Thorn, Roisin Murphy, Tujiko Noriko, Leila, Imogen Heap, Björk.

Variado como es este universo, rezuma feminidad; y misteriosas como me resultan las mujeres, todo aquello en que asome su mundo interior me produce embelezo.
Será la edad.

Todo eso le sienta muy bien a la música.

Vuelvo a mi deliciosa coetánea Neko Case, culpable de hacer un disco que me ha hechizado de principio a fin: Fox Confessor Brings The Flood. Hago énfasis en lo de coetánea por varias razones, pero sobre todo porque me hace sentir que aún no se me pasa el arroz (musicalmente, claro, el otro ya se coció)
... iluso.
Al principio el dejo country hizo saltar mis alarmas gringófobas, incluso me predispuso para la decepción e hice una apuesta mental sobre cuantas canciones iba a aguantar, pagando dos a uno a que no pasaba de tres.
Tres veces escuché el disco completo sin parar.
La primera vez a lo lejos, limpiando la cocina, con la intención de prestarle atención superficial, pero no se dejó: a cada rato me llamaba la atención un giro melódico, una secuencia de acordes o un desgarro en la voz. Y súbitamente se acabó, con lo que hubo que ponerlo otra vez porque ya me había intrigado. Y luego otra vez porque se veían las estrellas desde la ventana y quería escucharlo con Jimena a ver si aquello de verdad estaba bueno o me estaba afectando el calor.
Hacía años que no me pasaba esto.
Tiene el color del desierto de una road movie, la garra de su pasado punk. No se conforma con fórmulas fáciles sin perder la sencillez. Desafina, pero desafina sabroso. Tiene "blues", catarsis. Música para los barflies en una polvorienta carretera quizá de Dakota, pero nunca ingenua o complaciente. Inequívocamente gringa, pero de ésas que no se ven en la tele. Música de una generación que ha padecido a un Reagan y dos Bush y que no se engaña.
Bastante jodidos estamos. Y aún así hay lugar para la belleza. O para inventar una nueva.
Cantando así.
Le creo y eso me basta.
El hecho de que Neko Case rechace aguerridamente discográficas transnacionales, MTV's y demás parafernalia es sólo un dato más sobre los muchos encantos que guarda.
A mí la música, y lo demás es periferia.